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thuytram-Clara Descubre Por Qué Iván Quería Saber Quién Era El Padre De Nico-thuytram

Cuando la puerta empezó a abrirse, Clara apretó la carpeta contra su cuerpo y se colocó frente al escritorio para ocultarla. No sabía quién venía por el pasillo, pero sí sabía algo: después de lo que Alejandro le había contado, ya no podía darse el lujo de confiar en cualquiera.

Nico estaba en la habitación de al lado, dormido después de una noche difícil. Clara escuchaba su respiración mientras mantenía los ojos fijos en la puerta.

Alejandro seguía acostado, aparentemente incapaz de reaccionar.

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Pero sus ojos estaban abiertos.

Y esta vez Clara entendió que los dos tenían que actuar como si él siguiera sin poder comunicarse.

La puerta terminó de abrirse.

Era Iván.

Entró sin tocar y miró primero a Alejandro.

—¿Hubo algún cambio? —preguntó.

Clara negó con la cabeza.

—Nada.

Iván permaneció unos segundos en el umbral. Después miró el escritorio.

—¿Estabas buscando algo?

—Solo estaba acomodando sus cosas.

Iván caminó hacia ella.

Clara sostuvo la carpeta con más fuerza.

No podía dejar que la viera.

El sobrino de Alejandro tomó uno de los documentos que estaban sobre el escritorio y lo revisó sin demasiado interés.

—El médico dijo que probablemente no aguante mucho tiempo así.

Clara no respondió.

—Si notas cualquier cambio, me avisas antes de hacer una llamada —añadió Iván.

Esa frase confirmó algo que Alejandro ya le había advertido.

Iván no quería que nadie externo se enterara de lo que estaba pasando.

—Claro —contestó Clara.

Iván salió.

La puerta se cerró.

Clara esperó varios segundos antes de regresar junto a Alejandro.

Él movió apenas un dedo.

Después parpadeó una vez.

Sí.

Clara colocó la carpeta sobre la cama y la abrió.

Dentro había documentos antiguos, recibos, algunas fotografías y varias hojas que Alejandro había conservado durante años.

Pero uno de los nombres que aparecía en ellas hizo que Clara se quedara quieta.

Sergio.

El padre de Nico.

El hombre que había desaparecido cuando el bebé tenía cuatro meses.

Clara había pasado meses intentando dejar esa parte de su vida atrás.

Nunca le había contado a Alejandro quién era Sergio.

Nunca había mencionado su nombre.

Y, sin embargo, estaba ahí.

Alejandro volvió a mover los dedos.

Clara se acercó.

—¿Sergio conocía a Iván?

Un parpadeo.

Sí.

Clara sintió que se le cerraba el estómago.

—¿Sergio conocía a tu familia?

Un parpadeo.

Sí.

Entonces hizo la pregunta que más miedo le daba.

—¿Sergio es tu hijo?

Alejandro no respondió de inmediato.

Clara esperó.

Un parpadeo.

Sí.

La respuesta no tenía sentido.

Pero explicaba demasiado.

Alejandro le había dicho que Nico se parecía a alguien a quien llevaba treinta años intentando olvidar.

Si Sergio era su hijo, entonces la edad coincidía.

Y también explicaba por qué la aparición de Nico había despertado tanto interés dentro de aquella casa.

Clara miró al bebé dormido en la habitación contigua.

Después volvió a mirar a Alejandro.

—¿Iván sabe que Sergio era tu hijo?

Dos parpadeos.

No.

Clara respiró lentamente.

Entonces entendió que todavía faltaba una pieza.

—¿Iván sabe quién es Nico?

Alejandro tardó más esta vez.

Finalmente parpadeó una vez.

Sí.

Clara se quedó mirando la carpeta.

Eso significaba que Iván no estaba preguntando por el padre de Nico por simple curiosidad.

Había una razón.

Y probablemente esa razón tenía que ver con Alejandro.

Clara revisó los papeles con cuidado.

Encontró una fotografía vieja donde aparecía un joven Alejandro junto a otro hombre.

El hombre era mucho más joven, pero Clara reconoció el rostro.

Era Sergio.

En el reverso había una fecha de treinta años atrás.

Clara volteó la fotografía otra vez.

No había ninguna explicación.

Solo una segunda anotación escrita a mano.

«No permitir que Iván lo encuentre».

Clara sintió un escalofrío.

Alejandro la observaba.

—¿Iván sabía que Sergio estaba aquí? —preguntó ella.

Dos parpadeos.

No.

—¿Entonces por qué estaba buscando al padre de Nico?

Alejandro cerró los ojos durante unos segundos.

Cuando volvió a abrirlos, hizo un movimiento con los labios.

Clara se inclinó para escucharlo.

—Porque… busca… lo mismo.

—¿Qué busca?

Alejandro respiró con dificultad.

—Lo que… me pertenece.

Clara volvió a mirar los documentos.

Ahora las cuentas, las propiedades y las preguntas de Iván tenían otro significado.

No estaba esperando simplemente que Alejandro muriera para repartir una fortuna.

Estaba intentando asegurarse de que nadie pudiera reclamar algo antes de que fuera demasiado tarde.

Pero todavía no estaba claro qué.

Clara levantó una de las hojas.

Era un documento antiguo relacionado con una propiedad.

No podía leer todo con claridad, pero reconoció el nombre de Alejandro y una segunda referencia a Sergio.

—¿Sergio tenía derecho a esto?

Un parpadeo.

Sí.

—¿Y Nico también?

Un parpadeo.

Sí.

Clara sintió que el problema ya no era solo una familia escondiendo secretos.

Su hijo podía estar en medio de una disputa que había comenzado mucho antes de que él naciera.

En ese momento se escucharon pasos otra vez.

Clara cerró la carpeta.

Esta vez no escondió el teléfono.

Lo sostuvo en la mano.

La puerta volvió a abrirse.

César Velasco entró solo.

El médico privado de la familia cerró detrás de él y miró directamente a Alejandro.

—¿Está despierto?

Clara negó con la cabeza.

César se acercó a la cama.

—Necesito revisar el tratamiento.

Clara se apartó.

Pero Alejandro abrió los ojos.

César lo vio.

Durante un instante, el médico quedó inmóvil.

Fue apenas una fracción de segundo.

Después recuperó la expresión tranquila.

—Parece que está teniendo alguna reacción —dijo.

Clara no respondió.

Alejandro tampoco.

César revisó algunos datos y luego miró a Clara.

—¿Ha notado movimientos?

—Muy pocos.

—¿Responde cuando le habla?

Clara recordó la advertencia de Alejandro.

No confíes en nadie todavía.

—No lo sé.

César la observó con atención.

—Si responde, es importante que me lo diga.

Clara sostuvo su mirada.

—¿Por qué?

El médico tardó demasiado en contestar.

—Porque cambiaría su tratamiento.

Clara sintió que esa respuesta no explicaba nada.

César se acercó a la mesa y tomó la pequeña ampolla que había utilizado antes.

Clara reconoció el envase.

—¿Qué es eso?

—Parte del tratamiento.

—¿Cuál tratamiento?

César la miró.

—El que indicó la familia.

La frase la hizo recordar lo que había visto horas antes.

La jeringa.

La ampolla.

La forma en que Alejandro había dejado de responder después de recibirla.

Clara comprendió que ya no podía seguir fingiendo ignorancia.

—¿La familia indicó ese medicamento?

César no contestó.

Alejandro movió ligeramente un dedo.

Clara lo vio.

César también.

El médico bajó la mirada hacia la mano del empresario.

—Eso no significa que esté consciente.

Pero ahora Clara sabía que sí.

Y César acababa de darse cuenta de que ella lo sabía.

El teléfono escondido vibró dentro de su bolsillo.

Clara lo sostuvo sin sacarlo.

César levantó la mirada.

—¿Quién te está llamando?

—Nadie.

El teléfono volvió a vibrar.

César dio un paso hacia ella.

Clara retrocedió.

—Tengo que ir con mi hijo.

Salió antes de que pudiera detenerla.

En el pasillo, tomó a Nico en brazos y regresó a la habitación solo cuando estuvo segura de que César ya no estaba cerca.

Alejandro seguía despierto.

Clara colocó al bebé sobre una cobija y sacó el teléfono.

Había un solo contacto guardado.

No tenía nombre.

Solo un número.

Clara miró a Alejandro.

—¿Este es el número de Sergio?

Un parpadeo.

Sí.

Clara no marcó.

Todavía no.

Primero abrió los mensajes.

Había uno reciente.

«Si ya despertó, no le digas que soy yo.»

Clara levantó la vista.

—¿Sergio sabe que estás vivo?

Alejandro parpadeó una vez.

Sí.

Entonces llegó otra pregunta.

—¿Sergio sabe que Nico es tu nieto?

Alejandro cerró los ojos.

Los abrió.

Un parpadeo.

Sí.

Clara sintió que el piso parecía moverse bajo sus pies.

El hombre que había abandonado a Nico cuatro meses después de su nacimiento sabía quién era su hijo.

Alejandro también lo sabía.

E Iván estaba intentando averiguarlo.

Pero faltaba saber por qué.

Clara revisó el último mensaje.

Había una segunda línea.

«Iván ya preguntó por el niño.»

Después de leerla, Clara dejó de respirar durante un instante.

No era una sospecha.

Iván ya estaba buscando información sobre Nico.

Y quizá no había sido casualidad que Clara hubiera terminado trabajando en aquella casa.

La idea la hizo recordar su entrevista.

Había sido demasiado rápida.

Iván había insistido personalmente en contratarla.

En ese momento ella pensó que era porque tenía experiencia cuidando a personas enfermas.

Ahora ya no estaba segura.

Alejandro movió la mano.

Clara se acercó.

—¿Iván me contrató para encontrar a Nico?

Dos parpadeos.

No.

Clara frunció el ceño.

—¿Entonces me contrató por Sergio?

Un parpadeo.

Sí.

La respuesta abrió una pregunta todavía más grande.

¿Por qué necesitaba Iván que alguien relacionado con Sergio entrara en la casa?

Clara revisó nuevamente los documentos.

Encontró una hoja doblada dentro de la carpeta.

No tenía fecha reciente.

Solo una frase escrita por Alejandro.

«Si algún día vuelve el hijo que perdí, la deuda deja de ser mía.»

Clara leyó la frase dos veces.

Después miró a Nico.

El bebé abrió los ojos.

Alejandro también lo miró.

Por primera vez desde que Clara lo conocía, su rostro cambió.

No fue miedo.

Fue reconocimiento.

Como si estuviera viendo en Nico una historia que había pasado treinta años intentando enterrar.

Clara entendió entonces que Sergio no había desaparecido simplemente de la vida de Alejandro.

Había sido separado de ella.

Y alguien dentro de esa familia había tenido un motivo para hacerlo.

Antes de que pudiera preguntar quién, se escuchó un ruido en el pasillo.

Clara cerró la carpeta.

Alejandro hizo dos movimientos rápidos con los dedos.

No.

No salgas.

Clara apagó la pantalla del teléfono.

La puerta se abrió lentamente.

Iván apareció otra vez.

Esta vez no estaba solo.

César venía detrás de él.

Iván miró a Clara.

Después miró a Nico.

Finalmente fijó la vista en el escritorio.

—¿Encontraste algo? —preguntó.

Clara no contestó.

Iván entró y cerró la puerta.

—Te hice una pregunta.

Clara sostuvo a Nico contra su pecho.

—Solo estaba ordenando los papeles.

Iván dio un paso hacia el escritorio.

—¿Y viste alguna fotografía?

La pregunta la confirmó todo.

Iván sabía que había fotografías.

Quizá sabía incluso cuál estaba buscando.

Clara miró a Alejandro.

Él no movió los ojos.

Pero un dedo comenzó a levantarse lentamente.

Clara comprendió la señal.

No podía enfrentarlos todavía.

Tenía que hacer que ellos hablaran primero.

—Vi una foto vieja —dijo finalmente.

Iván se quedó quieto.

—¿De quién?

Clara fingió dudar.

—De un hombre llamado Sergio.

El cambio en el rostro de Iván fue inmediato.

No preguntó quién era.

No preguntó de dónde había salido el nombre.

Solo dijo:

—¿Qué sabes de él?

Clara abrazó más fuerte a Nico.

Ahora tenía la respuesta que necesitaba.

Iván no estaba buscando al padre del niño.

Ya sabía quién era.

Estaba tratando de descubrir qué sabía Clara.

Y Alejandro acababa de encontrar la única forma de protegerlos: dejar que Iván creyera que todavía tenía el control.

Clara bajó la mirada hacia el teléfono escondido.

En ese momento recibió otro mensaje.

Esta vez no era de un número desconocido.

El nombre apareció en la pantalla.

Sergio.

El mensaje decía solamente: «No le entregues a Iván la carpeta. Él sabe lo que pasó hace treinta años.»

Clara levantó lentamente los ojos.

Iván seguía frente a ella.

César estaba junto a la cama.

Alejandro observaba a ambos.

Y Nico dormía nuevamente contra el pecho de su madre.

Clara ya sabía que la historia de aquella familia no había empezado con la enfermedad de Alejandro.

Había empezado treinta años antes.

Ahora tenía una fotografía, un teléfono, una carpeta y un nombre que podía cambiarlo todo.

Pero todavía no sabía qué había ocurrido con Sergio.

Y, sobre todo, no sabía por qué Iván estaba dispuesto a hacer tanto para que nadie descubriera la respuesta.

Alejandro cerró los ojos y movió una última vez los dedos.

Una señal.

Clara entendió.

Era hora de abrir el tercer documento.

El que él había mantenido separado de todos los demás.

Cuando ella lo sacó de la carpeta, vio una firma que reconoció de inmediato.

Era la firma de Sergio.

Y debajo aparecía el nombre de una persona que Clara jamás había esperado encontrar en aquella historia.

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