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thuytram-El mensaje de Tommy reveló que Declan Gallagher tenía los minutos contados-thuytram

Abby Duncan pensó que la parte más peligrosa de aquella madrugada había sido abrir la puerta y encontrar a Declan Gallagher herido frente a ella. El hombre que durante años había sido temido por todos en la Casa Gallagher estaba apoyado contra el marco, con la camisa manchada, el traje roto y una mirada que no se parecía en nada al líder que la ciudad conocía.

Pero lo que Abby todavía no sabía era que el verdadero peligro no estaba afuera.

Estaba dentro de la misma casa donde Declan había construido su imperio.

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A las 3:13 de la madrugada, los golpes contra la puerta del sótano habían sacudido hasta la fotografía que Abby tenía sobre su buró. Cuando escuchó su nombre pronunciado por aquella voz conocida, supo que algo estaba mal.

Declan Gallagher nunca pedía ayuda.

Ese detalle fue lo primero que hizo que Abby olvidara el miedo y corriera a abrir.

El jefe de la mafia que podía detener conversaciones con solo entrar a una habitación estaba allí, casi cayendo sobre ella. Medía casi 1.91 metros, pero en ese momento parecía un hombre agotado que había llegado al único lugar donde todavía creía estar a salvo.

La sangre en su camisa, el moretón alrededor del ojo y el labio herido mostraban que alguien había estado demasiado cerca de acabar con él.

Sin embargo, lo que más preocupó a Abby fue otra cosa.

La pistola que llevaba en la mano.

Declan Gallagher jamás soltaba un arma de esa manera.

Nunca la olvidaba.

Nunca bajaba la guardia.

Pero esa noche sus dedos apenas la sostenían.

—Ya no puedo hacer esto —le dijo antes de perder fuerza en las piernas.

Abby lo sostuvo como pudo y evitó que ambos terminaran en el suelo.

Durante siete años había trabajado para la familia Gallagher. Primero como empleada doméstica y después como ama de llaves principal. Había visto desfilar a empresarios, hombres poderosos y personas que trataban al personal como si fueran parte del mobiliario.

Muchos ignoraban a Abby.

No sabían que escuchaba.

No sabían que entendía más de lo que imaginaban.

Declan tenía hombres armados, abogados y personas dispuestas a protegerlo con sus propias vidas.

Pero cuando recibió el ataque que casi lo mató, no fue con ellos con quien buscó refugio.

Fue con Abby.

Ella lo hizo entrar y le quitó el arma antes de revisar la herida.

—¿Quién te hizo esto?

Durante unos segundos, Declan no respondió.

Después dijo un solo nombre.

—Tommy.

Ese nombre cambió todo.

Abby conocía la posición de Tommy dentro del círculo de Declan. Sabía que no era un extraño que había aparecido por casualidad. Era alguien que estaba lo bastante cerca como para saber dónde encontrarlo.

Cuando Abby quiso llamar a alguien, Declan la detuvo.

No porque no necesitara ayuda.

Sino porque entendía que cualquier llamada podía revelar exactamente dónde estaba.

—Si llamas arriba, Tommy sabrá dónde estoy.

Fue entonces cuando Abby comprendió la verdadera razón por la que Declan había cruzado una casa llena de hombres que podían protegerlo.

No estaba escapando de un enemigo desconocido.

Estaba escapando de alguien que ya tenía acceso a su mundo.

El teléfono de Declan comenzó a vibrar sobre la cama.

Una vez.

Después otra.

El nombre en la pantalla era Tommy.

Ninguno de los dos respondió.

Cuando la vibración terminó, llegó un mensaje.

Declan quiso impedir que Abby lo leyera.

Pero ella ya había visto demasiado para quedarse al margen.

—Llegaste casi muerto a mi habitación y todavía quieres decidir qué puedo saber —le dijo.

Esa frase hizo que Declan levantara la mirada.

Durante años todos habían tratado sus órdenes como reglas imposibles de cuestionar. Pero Abby no estaba hablando con el jefe de la mafia.

Estaba hablando con un hombre herido que había llamado a su puerta.

Por primera vez en mucho tiempo, alguien no le tenía miedo.

—Tienes razón —admitió Declan.

En ese momento escucharon pasos en el pasillo del sótano.

Abby apagó la lámpara.

Declan buscó instintivamente su arma, pero ya no estaba en sus manos.

Estaba con ella.

Tres golpes suaves llegaron desde el otro lado de la puerta.

—¿Abby? —preguntó una voz masculina.

Era Tommy.

Dijo que Declan había sufrido un accidente y que necesitaba saber si había llegado hasta allí.

Abby miró la sangre en su ropa.

Después miró al hombre sentado frente a ella.

Declan negó lentamente.

—No lo he visto.

Los pasos se alejaron.

Solo cuando el pasillo volvió a quedar vacío, Declan tomó su teléfono, lo desbloqueó y se lo entregó.

El mensaje de Tommy no decía que estaba preocupado por encontrarlo.

Decía algo mucho peor.

Si Declan todavía respiraba, no debía llegar al amanecer.

Abby sintió que la situación cambiaba por completo.

No era una traición improvisada.

Era un plan.

Revisó la hora del mensaje.

2:47 de la madrugada.

Veintiséis minutos antes de que Declan apareciera en su puerta.

Alguien había decidido su muerte antes de que él siquiera pudiera defenderse.

—¿Quién recibió esto? —preguntó Abby.

Declan respondió sin apartar la mirada.

—El hombre que debía terminar el trabajo.

Entonces el teléfono volvió a vibrar.

Esta vez el mensaje no era para él.

Era para el personal de la casa.

Decía que Declan Gallagher había sufrido un accidente grave y que nadie debía hablar con personas externas hasta recibir nuevas instrucciones.

Abby entendió lo que estaba ocurriendo.

Tommy no solo quería matarlo.

También estaba preparando la versión de lo que todos debían creer.

—Te está borrando antes de saber si estás muerto —dijo ella.

Declan intentó levantarse.

—Por eso vine contigo.

Pero esa respuesta no era suficiente para Abby.

Todavía había una pregunta que no podía ignorar.

—¿Por qué conmigo?

Declan abrió la boca.

Pero antes de responder, un sonido metálico interrumpió la habitación.

El elevador de servicio acababa de moverse.

Alguien lo había enviado directamente al sótano.

Y ahora Abby y Declan sabían que el tiempo que tenían para descubrir la verdad estaba llegando a su fin.

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