A la mañana siguiente, Diego llegó a la reunión con la seguridad de un hombre que todavía creía tener el control de la situación.
Había preparado cada diapositiva, repasado cada cifra y estaba convencido de que la propuesta de Cobalto Data sería suficiente para convencer a los inversionistas.
Hablaba de crecimiento, de oportunidades y del futuro de la empresa mientras mantenía la misma confianza con la que unas horas antes había cerrado la puerta de aquella habitación.

La misma puerta donde Renata había entendido que no acababa de entrar a una familia.
Había entrado a un lugar donde esperaban que aceptara una posición que nunca había elegido.
Pero Diego todavía no lo sabía.
Para él, la mujer que había salido con una maleta en la madrugada era alguien que no tenía recursos suficientes para enfrentarlo.
No imaginaba que esa misma mañana estaría sentado frente a la persona que podía decidir el destino financiero de su empresa.
Cuando Renata entró a la sala, algunos presentes cambiaron la expresión.
Diego levantó la mirada y durante un instante pareció olvidar todo lo ocurrido.
Intentó sonreír.
Como si aquella bofetada no existiera.
Como si la cubeta de ropa sucia no hubiera sido una prueba de algo más profundo.
Como si pedirle perdón a su madre hubiera sido una simple discusión de recién casados.
Renata tomó asiento sin darle ninguna señal de cercanía.
No estaba ahí para hablar del matrimonio.
No estaba ahí para reclamar.
Estaba ahí porque era la directora de Arista Capital, la empresa que administraba más de 18,000 millones de pesos en activos privados, y porque ahora tenía frente a ella una decisión que mezclaba negocios y confianza.
Diego comenzó su presentación.
Explicó los planes de Cobalto Data, los objetivos de expansión y la necesidad de una inversión de 95 millones de pesos.
Cada palabra sonaba preparada.
Cada respuesta parecía ensayada.
Pero Renata escuchaba algo distinto.
No solo analizaba números.
Analizaba al hombre que había mostrado su verdadera reacción cuando creyó que ella no tenía nada que ofrecerle.
Esperó hasta el final.
No interrumpió.
No mencionó la noche anterior.
Solo tomó una hoja con algunas anotaciones y levantó la vista.
Entonces hizo una pregunta sencilla.
Una pregunta que no tenía que ver con ganancias ni proyecciones.
Tenía que ver con una decisión tomada dentro de la empresa.
Diego respondió rápidamente, seguro de que conocía todos los detalles.
Pero su respuesta reveló algo que Renata no esperaba encontrar en la presentación.
Una contradicción.
No era un error pequeño.
Era una señal de que alguien dentro de Cobalto Data había ocultado información importante.
Y por primera vez desde que entró a la sala, Diego dejó de sentirse cómodo.
La inversión ya no era únicamente una negociación.
Era una prueba.
Porque Renata no estaba decidiendo si una empresa tenía potencial.
Estaba decidiendo si podía confiar en las personas que la dirigían.
Y la primera persona que debía responder por esa confianza era el hombre que unas horas antes le había dicho que obedeciera o se fuera.
La noche de la boda había comenzado con una cubeta de ropa sucia.
Ahora, esa misma noche estaba pesando sobre una decisión de 95 millones de pesos.
Diego intentó recuperar el control de la conversación.
Explicó que todo tenía una razón.
Que había detalles que podían aclararse.
Que una situación personal no debía mezclarse con un acuerdo profesional.
Y esa frase hizo que Renata confirmara algo.
Él todavía pensaba que el problema era lo ocurrido entre ellos.
Pero el problema era más grande.
Era la forma en que él entendía el poder.
Porque un hombre que podía perder el respeto por alguien cuando creía que esa persona no tenía influencia también podía tomar decisiones peligrosas cuando tenía millones de pesos bajo su responsabilidad.
Renata cerró la carpeta lentamente.
No anunció su decisión.
No necesitaba hacerlo todavía.
Antes de mover 95 millones de pesos, necesitaba saber una última cosa.
Y esa respuesta cambiaría la forma en que todos en esa sala verían a Diego.
La inversión había dejado de ser una oportunidad.
Ahora era una prueba de carácter.